04 junio 2008

Lubitsch para los malos tiempos

Cuando ella se sumerge y no quiere salir, deja en su lugar una muñeca de plástico que le guarda cierto parecido, una muñeca que mira a ninguna parte, con las rodillas rayadas con boli bic y vestida de enfermera. Pero no consigue engañarme. Yo me siento al lado de la muñeca, pero la extraño a ella: no tiene su piel ni los ojos tan grandes, ni gime cuando paso mi mano por su espalda cuando amanece. La muñeca no habla, ella sí: cuando ella lo hace consigue que mi corazón crezca como sus orquídeas. He de bajar hasta las profundidades de su tristeza a suplicarle que salga. Y siempre la encuentro escondida en la habitación del desasosiego, solo iluminada por una pantalla. Siempre la encuentro recostada, agarrada a su cojín, viendo Cluny Brown. Le reconforta Lubistch. Se hace difícil conseguir que vuelva conmigo, no se puede competir con el toque Lubitsch. Reconozco que la entiendo. Y vuelvo con la muñeca y me siento a su lado y hablamos de todo, pero no entiende nada.

Cuando yo me sumerjo soy un pez en el acuario. Me gusta mover mi cola para mantenerme en el mismo lugar mientras ella, deformada por el agua, pasea de un lado a otro haciéndome el caso que se la hace a un pez. La tristeza produce sopor, así que tomo impulso y salgo de allí de un salto para caer al parqué. Muriel se acerca, me olisquea, ladra. Y ella llega hasta mí y me besa en mi boca de pez abierta con la punta de su lengua, para que me convierta en príncipe de nuevo.

Te espero.

08 abril 2008

Las alas de Pedro

Me lo cuenta por teléfono mi prima en la cocina, que es el lugar para contar los sucesos familiares más tristes. Ella se sorprende de que desde hace un tiempo su mirada sobre algunas cosas ha cambiado y que ya no piensa como amiga, hija, ni siquiera como esposa. Mi prima siente que ya ha estrenado la bata de mama grande.

No conocí mucho a Pedro. Recuerdo su alegría y los ojos tan vivos. Parece que Pedro tenía cierta afición por pisar la tierra, pero la mayor parte del día lo ocupaba volando. Como si poner los pies en el suelo le obligara a abrir las alas de par en par para no ahogarse. Me dice Montse que le encantaba volar muy bajo, que al fin y al cabo es como flotar.

Pedro decidió no pisar más la tierra el mes de enero pasado. Como decía Jimi Hendrix, supongo que ahora andará por las nubes dirigiendo mariposas y cebras y rayos de luna. Tienes mi abrazo, Inma, como lo tienen todos los tuyos.



12 marzo 2008

El sistema D'Hondt y la madre que lo parió

Ella y yo teníamos el voto decidido hace tiempo. No votamos al mismo partido, pero practicamos un respeto mutuo, eso quiere decir que nunca he pretendido la izquierdofagia que ha sufrido IU esta legislatura a manos del PSOE. Ella ha sido fiel y no ha sucumbido al ruido de los bombardeos del PP en estos cuatro años ni a las lisonjas legislativas de ZP.

A cambio, desde ayer observo una picazón que no se me va. Ella me leyó las cartas y concluyó que la picazón es síntoma de una enfermedad crónica. Ahí hay algo de vendetta, respondí. Ella casi nunca se equivoca, pero ese diagnóstico suyo de tarot gitano es uno de esos "casi". Mi picazón no es síntoma de enfermedad alguna. Es una somatización de mi conflicto de conciencia. Eso si puede llegar a ser crónico.

Si el PSOE ha engordado e IU se ha empequeñecido, a nosotros nos ha pasado al revés. Esta mañana Ella me ha mirado y ha observado que mis pantalones me quedaban más grandes. Como si hubiera pasado una gripe. Antes de despedirme, le he preguntado si su jersey de punto había encogido. La fidelidad de Ella la ha hecho un poco más grande y a mí más pequeño. No sabe que ahora mis miradas de reojo mientras duerme, camina por la casa o lee ante el ventanal que da al norte, tienen más admiración y menos curiosidad.

La noche el 9M, mientras desentrañábamos el sistema D'hondt sobre el edredón hasta agotar la mina del lápiz, yo estaba satisfecho. Y no por la derrota de la derecha. Sino por mi propia victoria: puede que IU esté perdiendo su lado derecho y que el PSOE esté acabando con su lado izquierdo, pero a cambio, a mi lado hay alguien grande, muy grande.

17 enero 2008

013 varios: informe prisión, 20 años después

El 2 de diciembre de 2006 Inma y yo volvimos a representar aquella escena que estrenamos en 1988 en el Teatro Campoamor de Oviedo, Sangre en una sábana...


16 diciembre 2007

Asas

Con los años, hay objetos que te acompañan aunque tú no quieras, mientras otros desaparecen por su cuenta. En estos años he ido deshaciéndome de muchos objetos, o se han esfumado sin dejar una nota. He vivido en siete lugares distintos, incluso durante un tiempo en un hotel. Tengo una bolsa desde entonces, y la bolsa me acompaña. La compré en una ciudad cuyas calles no tienen nombre. Estaba de saldo porque tenía un pequeño desperfecto. Por lo demás, estaba nueva. Me costó 24 dólares. Y diez años después la bolsa sigue igual, salvo por ese desperfecto. Es como la cicatriz de mi caída en bicicleta a los diez años: no molesta.

Hoy, por un momento, me he quedado pensando en eso mientras la tomaba de nuevo para utilizarla. He revisado la bolsa y me ha parecido muy raro que esté igual. A ella, sin embargo, le habrá parecido muy raro que en ese tiempo mi vida haya cambiado tanto. Cuando he abierto su larga cremallera de lado a lado y he introducido mi equipaje, un reloj, un portátil, un libro..., me ha parecido que mi bolsa era feliz. Quizá porque la he vuelto a llenar de ropa y objetos ha pensado que después de diez años de llevarla por todas partes, bajo todas partes y dentro de todas partes, sigo con ella. Seguramente ha pensado más de una vez que algún día me desharía de ella, o la perdería, la olvidaría, la rellenaría de cosas inservibles y la almacenaría en cualquier trastero. Pero sus peores temores no habrán sido esos, sino ser robada, tironeada, descosida, regalada o reutilizada por alguien con menos escrúpulos que yo.

A ella siempre le han gustado las cosas sencillas, que la agarrara de las asas, que pasara mi brazo por dentro de ellas y la colgara en mi costado mientras camino hacia algún lugar que nunca fue para siempre.

Y hoy he vuelto a tomarla de las asas dejándome llevar por una extraña satisfacción. He salido a la calle con ella. Ambos sabemos que dentro está muy seguramente todo lo que necesito.